Por Miguel Jara.
Estamos casi acostumbrados a aberraciones de todo tipo y sería difícil seleccionar la mayor burrada que soportamos pero si hay una destacable es que en España no sólo no se incentiva el aprovechamiento del sol para generar energía sino que se pena. ¿Cómo puede ser que un país con tantas horas de sol diarias persiga con un impuesto a quien decida generar y consumir su propia energía?
Pues es lo que ocurre en España. ¿Os imagináis una sociedad en la que tanto en los edificios de las ciudades como en las casas de campo pudieran instalarse pequeñas centrales eléctricas de producción de energía solar?
Esas microindustrias abastecerían “gratis” (hay que invertir algo de dinero en la compra e instalación) a sus pobladores. Incluso el excedente podría ser vertido en la red convencional y la venta de esa energía generar unos ingresitos al productor (cosa ya que ya ocurrió y también se ha impedido).